Formación en Cristo

Discípulos que
hacen discípulos.

El llamado central de IBV: que Cristo sea formado en cada uno a través del discipulado personal y relacional.

"Id y haced discípulos a todas las naciones… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado."

Mateo 28:19–20

La Palabra que
transforma vidas.

En IBV creemos que el discipulado no es un programa — es una forma de vida. La Palabra de Dios fielmente predicada no solo informa: forma. Cristo siendo formado en cada creyente, a través de relaciones reales y el acompañamiento mutuo en la fe, es el objetivo central de todo lo que hacemos.

El discipulado en IBV ocurre en el servicio dominical, en los grupos de oración por zonas, en los ministerios de hombres, mujeres y matrimonios, y en las relaciones cotidianas entre miembros de la congregación.

El contenido específico de este ministerio está siendo preparado. Pronto encontrarás aquí recursos, rutas de formación y formas de integrarte al proceso de discipulado de IBV.

Contenido en preparación

Esta sección está siendo desarrollada con cuidado. Aquí encontrarás rutas de formación, recursos de discipulado personal y formas de conectarte con el proceso de IBV.

10 razones para discipular
en la iglesia local.

Adaptado de: CHBC — 9Marcas: El discipulado en la iglesia local

01

Dios ha llamado a la iglesia a ser pura

Tito 2:14

Parte de la razón por la que Jesús vino al mundo fue para llamar y crear un pueblo puro para sí mismo. Es a través de las relaciones de discipulado que ayudamos a los demás a crecer en santidad, fomentando el testimonio corporativo de la iglesia como cuerpo.

02

No tienes todos los dones espirituales

1 Co. 12

Tenemos áreas de debilidad espiritual que limitan nuestra utilidad. Cuando el discipulado ocurre en la comunidad local, otros equilibran esa diferencia. Tu amigo necesita más de lo que tú solo puedes darle — necesita una iglesia.

03

La iglesia provee mejor rendición de cuentas

Mt. 18:15–22

Una red de relaciones significativas forma una «red de protección» espiritual. La iglesia existe en parte para aumentar la rendición de cuentas, y una comunidad puede conocer a una persona mucho mejor de lo que uno puede hacerlo a solas.

04

Tu tiempo es limitado

Ef. 5:16 · 1 Co. 7:29

Puedes maximizar tu tiempo usando los momentos de enseñanza regular de la iglesia como contenido de tus relaciones de discipulado — el sermón del domingo, la clase o la conversación — aplicándolos juntos a la vida diaria.

05

Dios es glorificado cuando el cuerpo crece unido

Ef. 4:15–16

Cuando cada parte del cuerpo funciona correctamente, todo el cuerpo crece y se edifica en amor. El discipulado en la iglesia local es una expresión concreta de cómo cada miembro contribuye al crecimiento del cuerpo entero.

06

Hay personas que necesitan de ti específicamente

Hch. 2:42–47

Dentro de tu iglesia hay personas que por su trasfondo, personalidad y temporada de vida necesitan exactamente lo que tú puedes ofrecer. La providencia de Dios te ha puesto en esa comunidad con propósito.

07

El discipulado fortalece la membresía de la iglesia

Heb. 10:24–25

Las relaciones de discipulado profundizan el compromiso de los miembros con la iglesia local. Una iglesia cuyos miembros se discipulan mutuamente es una iglesia arraigada y estable que no pierde fácilmente a su gente.

08

El discipulado prepara a los creyentes para servir

Ef. 4:12

El objetivo del discipulado no es solo el crecimiento personal — es equipar a los santos para la obra del ministerio. La iglesia local es el contexto natural donde ese servicio puede ejercerse de manera inmediata y concreta.

09

El contexto compartido facilita la aplicación

Col. 3:16

Cuando compartes la misma enseñanza, los mismos pastores y la misma comunidad, las conversaciones de discipulado son más ricas y concretas. No necesitas explicar el contexto — pueden ir directamente a la aplicación.

10

El discipulado local cumple la Gran Comisión

Mt. 28:19–20

La Gran Comisión no se cumple solo enviando misioneros — se cumple también haciendo discípulos donde ya estás. La iglesia local es el centro de operaciones de la misión de Dios en tu ciudad.

Una visión de los perdidos

Al hablar del discipulado y la misión de la iglesia, recordamos el impactante texto de William Booth. Aquí un fragmento que nos confronta con la urgencia del llamado:

Vi un océano oscuro y tormentoso. Sobre él se posaban pesadas nubes negras; los vientos rugían de vez en cuando a través de ellas, y las olas espumantes se levantaban y se rompían, una y otra vez.

En ese océano creí ver a miles de pobres seres humanos que se hundían y flotaban, gritaban y clamaban, maldecían, luchaban y se ahogándose; y cuando maldecían y gritaban, se levantaban y volvían a gritar, y luego algunos se hundían y no volvían a flotar.

También vi que salió una gran roca de este oscuro océano, y su cima sobrepasaba las nubes negras que cubrían el tormentoso océano. Y alrededor de la base de esta gran roca vi una inmensa plataforma. En esta plataforma, vi con alegría que una parte de las personas que habían estado luchando y ahogándose estaban saliendo del tormentoso océano hacia la roca. Y vi que algunos de los que estaban a salvo en la plataforma estaban ayudando a esas pobres criaturas que todavía estaban en las tormentosas aguas, para que pudieran llegar al lugar seguro.

Mirando más de cerca noté que algunos de los que habían sido rescatados trabajaban laboriosamente, con cuerdas, botes, escaleras y otros medios más eficaces para sacar del mar a aquellos que todavía luchaban. Aquí y allá había algunos que, en su pasión por «rescatar a los que perecían», hasta saltaban de nuevo al agua, sin importarles las consecuencias.

Cuando volví a mirar, pude ver que no todos los ocupantes de la plataforma se comportaban de la misma manera. Estaban divididos en diferentes grupos y se dedicaban a diferentes actividades de entretenimiento. Pero parecía que solo algunos de ellos trabajaban para sacar a otras personas del mar.

Lo que más me confundió fue el hecho de que parecía que se les había olvidado completamente que todos habían sido rescatados del océano en algún momento. Y lo que me parecía igualmente extraño y desconcertante era que a estas personas no parecía importarles que las personas estuvieran pereciendo, luchando y ahogándose ante sus ojos… Muchos de los cuales eran sus propios cónyuges, hermanos y hasta sus propios hijos.

— William Booth, Una visión de los perdidos, 1890

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